Con la economía en caída libre y el paro disparado, cada vez más personas se ven incapaces de pagar a bancos y empresas las letras de sus créditos. Pero no todas son iguales. La banca y las compañías que financian compras dividen sus morosos en distintas clases para evaluar si merece la pena o no renegociar las condiciones del préstamo.
“No se puede seguir tratando a todos los clientes por igual; hay que medir las probabilidades de cobro por segmentos“, argumenta Luis Salvaterra, director general de Intrum Justitia en España. Esta empresa sueca, especializada en el cobro de créditos y facturas impagadas de otras compañías, tiene identificados siete tipos de morosos. “La mayor parte de personas no paga no porque no quiera, sino porque no puede“, apunta de entrada.
Sin embargo, el perfil más habitual en el país, entre el 21% y el 20% del total, es el que la firma identifica como nómada. Se trata de personas que son difíciles de localizar porque están siempre viajando y cambiando de dirección. “En España hay muchos por la inmigración“, explica Salvaterra. El segundo grupo más numeroso es el de los insolventes (18% a 17%), que son los que se encuentran en una muy mala situación financiera y no van a poder pagar de ninguna de las maneras.
Los preferidos
El tercer tipo es el que más gusta a las empresas. Son los sinceros (17% a 16%), personas que tienen una alta voluntad de pagar, pero que pasan por un momento complicado. Las entidades financieras tienden a negociar con estos clientes, ya que no les interesa que se mantengan en morosidad (eso les obliga destinar un dinero a provisionar la pérdida posible) ni ejecutar la garantía (normalmente un piso que el banco se ve obligado a vender). Menos posibilidades de pactar tienen los relajados (15% a 14%), individuos que han ido pidiendo créditos sin hacer muchas cuentas, que no son ordenados en sus pagos y que no son conscientes de las consecuencias de dejar de abonar las letras.
Los peores para la banca, con todo, son los expertos (12% a 11%), auténticos “morosos profesionales” que cuentan con estrategias para dejar de pagar. “A veces dicen que quieren colaborar, pero nunca van a abonar lo que deben“, apunta Salvaterra.
Uno de los perfiles menos comunes es el de los electrones libres (12 a 10%). Se trata de personas que seleccionan cuándo y qué facturas van a pagar, según el tipo de compra o servicio que adeudan. Además, suelen pedir créditos rápidos, que les entrampa aún más. Los anónimos son los más escasos (9% a 8%): clientes de venta por teléfono e internet, sin ninguna certeza de que la información que suministran es verdadera.
Fuente: El Periódico
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