La banca ha tirado la toalla en su esfuerzo por mantener a flote el sector inmobiliario. No es el mensaje que llega desde las entidades financieras, pero sí la lectura que parte del mercado realiza de las adquisiciones de inmuebles que los bancos ya han empezado a cerrar.
Entre ellos, Santander y Banesto, que acaban de hacerse con activos por 1.200 millones de euros. El mercado inmobiliario se consume más rápido de lo previsto y el sector financiero guarda la ropa.
Motivos no le faltan. La deuda de los promotores con bancos y cajas supera los 310.000 millones de euros, y las perspectivas de recuperación de los créditos empeoran. Las refinanciaciones de deuda se han demostrado un remedio insuficiente para las inmobiliarias, que claman por unos fondos que no reciben de los bancos ni de sus potenciales clientes.
El concurso de acreedores de Martinsa Fadesa, ahogada por la falta de tesorería, lo ha corroborado. La inmobiliaria ha suspendido pagos apenas tres meses después de que 40 bancos y cajas aceptaran renegociar su deuda y consideraran viable su plan de negocio.
Vuelta de tuerca
Con este panorama, más negro de lo estimado, las entidades han dado “una vuelta de tuerca más”, describe un experto. La banca ha comenzado a ejecutar deuda y a cancelar ésta a cambio de activos inmobiliarios. Las entidades, que nunca han querido pisos, empiezan a hacer acopio de inmuebles. “Supone el pistoletazo de salida del “sálvase quien pueda”, señalan fuentes de mercado. “Es una entrada por la puerta de atrás. Quedarse con los activos es el último recurso. Cuando se llega a este punto, están viendo las cosas verdaderamente complicadas”, apunta un analista.
La banca aporta, sin embargo, otra visión. Reconoce que estas operaciones contribuyen a controlar la morosidad y a la recuperación de la deuda, pero descarta que supongan dejar desamparadas a las inmobiliarias. Desde su punto de vista, estas cancelaciones de créditos aliviarán la situación financiera de estas compañías y contribuirán a su recuperación.
Pero esta explicación no convence a las inmobiliarias, que ven cómo los tiempos en los que ambos sectores iban de la mano al calor de un interés mutuo, han dejado paso a otros en los que la banca sólo busca minimizar sus daños.
“Estas ejecuciones no favorecen al mercado inmobiliario. Cada cual tiene una función. Las entidades no saben gestionar este negocio. Lo único que están haciendo es reducir el patrimonio de las compañías al quedarse con sus activos a buen precio”, dicen en una inmobiliaria.
Presión de precios
Los analistas coinciden en que estas operaciones van a presionar a la baja los precios del mercado inmobiliario, las tasaciones y el valor del suelo. La banca está adquiriendo los activos con descuento y, por tanto, puede permitirse revenderlos a precios rebajados. Además, las entidades aseguran que no tienen prisa por deshacerse de los inmuebles (aumentarían la oferta inmobiliaria y presionarían más los precios), pero los expertos ponen en cuarentena esta declaración de intenciones.
“La consideración económica de un inmueble no es la misma en el caso de un banco que en una inmobiliaria”, dice un analista. “A las entidades no les conviene conservar estos activos, entre otros factores, por su coste de mantenimiento o por la depreciación que pueden sufrir en los próximos meses”, prosigue.
Este escenario tiene, además, una segunda derivada dentro del propio sector financiero. “Quien cobra primero, cobra dos veces”, señalan en el mercado. El inicio de las ejecuciones de deuda puede desencadenar una carrera entre las propias entidades a la hora de cerrar acuerdos con las promotoras, con el objetivo de adjudicarse los activos de mayor calidad y con más posibilidades de venta. En el mercado corren rumores de que más bancos ya lo barajan.
Fuente: Expansión
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